Psicología social

La fábula del puerco-espín

Era un invierno crudo y despiadado. La nieve cubría el suelo como un manto blanco y el viento helado azotaba con fuerza. Un grupo de puercoespines, temblando de frío, buscó refugio y, en su desesperación por calentarse, decidió acurrucarse unos contra otros.

Al principio, el calor compartido les dio alivio y esperanza. Pero pronto, sus afiladas espinas comenzaron a clavarse en la piel de sus compañeros. El dolor hizo los separarse, cada uno intentando soportar el frío por sí mismo.

Sin embargo, el invierno no perdonaba, y la soledad se volvió más cruel que las heridas. Poco a poco, comprendieron que, aunque estar juntos les causaba molestias, el calor mutuo era la única forma de sobrevivir. Así que aprendió a acercarse con cuidado, encontrando la distancia justa en la que podía compartir su calor sin hacerse demasiado daño.

Hoy en día, vivimos en un mundo donde los medios de comunicación, las redes sociales y ciertos discursos políticos magnifican nuestras diferencias, haciéndonos creer que son irreconciliables. Nos empujan a vernos como adversarios en lugar de como seres que, a pesar de nuestras diferencias, necesitamos convivir y apoyarnos.

Es como si nos enfocáramos demasiado en las «espinas» del otro—su ideología, religión, raza, orientación o cualquier otro rasgo—en lugar de recordar que todos estamos pasando por el mismo «invierno». En vez de unirnos para sobrellevar los desafíos comunes (crisis climática, desigualdad, conflictos globales), nos dividimos, permitiendo que esas pequeñas diferencias se conviertan en barreras infranqueables.

Ojala podamos recuperar esa capacidad de acercarnos sin lastimarnos demasiado, de aceptar que el otro es distinto sin verlo como una amenaza. Como en la fábula, no podemos aislarnos porque el frío (la crisis, la incertidumbre, la deshumanización) es demasiado fuerte.

¿A quién le interesa señalar nuestras diferencias?

Os dejo dos títulos de George Orwell : «1984» y «Rebelión en la Granja» que nos pueden dar alguna pista.